La violencia nos sigue asombrando.

Nuestro país está procesando aún los hechos ocurridos luego del último partido clásico de Nacional y Peñarol, cuando personas autoidentificadas como parciales de Peñarol, prendieron fuego a una gallina viva, lo filmaron y festejaron en redes.

Un acto de tal brutalidad y crueldad debería interpelarnos a todos como miembros de la sociedad, en varios sentidos.

A mi, lo primero que se me ocurre, luego de espantarme e indignarme por el sufrimiento de ese animal, es pensar en que le pasó a ese ser humano en su vida para despreciar así la vida de otro ser vivo. Que tan maltratado fue? Que tan frustrado está? Que tan peligroso es para el resto de la sociedad ?
Porque una persona con un mínimo de empatía por los demás seres vivos, no puede cometer un acto tan cruel.

Y luego, todo lo demás, lo simbólico. El ataque a un animal no humano que “representa” a los integrantes del otro cuadro, que es un ataque directo a esa colectividad. Pero que además es una amenaza. Y que nunca podemos saber si queda solo en una amenaza, porque la violencia no distingue especies. Quien es violento con otro ser vivo, es violento con otro ser vivo (humano y no humano).

De qué forma se revierten, si es posible, estas conductas ? Como prevenirlas? Hay que castigarlas penalmente ? Son muchas las preguntas en abierto, sobre las que debemos consultar a especialistas para saber cómo podemos ayudar como individuos sociales a mejorar nuestra vida y la de todos los animales (humanos y no humanos) con los cuales convivimos. Pero, estamos dispuestos a hacerlo? Estamos dispuestos a cambiar las conductas especistas, abusivas y explotadoras de animales no humanos que llevamos a cabo todos los días? Estamos dispuestos a re-pensar nuestro rol entre los demás animales? Estamos preparados para asumir que no somos el centro del mundo?


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